Uno de los personajes que se caracterizó por su entreguismo y corrupción fue el cacique y Superintendente de Petróleos Mexicanos Jaime José Merino, cuya habilidad para la politiquería y su cercanía con Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines le permitió retener el control de la región por más de 17 años. Junto con él actuaron otros personajes corruptos como Antonio J. Bermúdez, director de PEMEX por espacio de 12 años, y Pedro Vivanco, quien llegó en 1952 al Comité Ejecutivo de la Sección 30 del STPRM3 y ocupó también el cargo de presidente municipal de Poza Rica. El tráfico de plazas, la venta descarada de concesiones para las obras de PEMEX, la exacción de onerosos e ilegales impuestos para obras públicas que resultaban siempre en grandes negocios para la camarilla merinista, y el control total de la economía regional a costa de presiones, amenazas y violencias, fueron factores que permitieron a Merino gozar de una enorme influencia política y amasar una considerable fortuna particular.